Solo hacía observar como desangraba, por que?, no lo sabía, enfática en él. Observo que su herida se iba pudriendo con el y cada vez lo sentía mas frío. Solo sabia que algo desgraciado le había ocurrido, analizaba su cuerpo y parecía una cortada, una muy profunda, que de alguna forma se transformaba poco a poco en una apertura circular, como de un proyectil, de repente el cuerpo casi inerte hizo un movimiento agreste, que la empujo al otro extremo de la manteleria y callo sobre el seguro prado, se reanimo y el cuerpo que había estado sosteniendo por casi 2 horas había desaparecido, no podría estar lejos -pensó- a su izquierda, un campo como en el que se encontraba, su derecha un risco del cual no logro divisar el otro extremo ya que se le nublaba la vista, hacia en frente se encontraban unos pocos arboles, y atrás, no tuvo tiempo de ver atrás, se le ocurrió que el lugar más probable al que pudo haber corrido fue hacia los arboles (pocos, pero muy frondosos lo cual le dificultaba la visión entre ellos), no se tomo la molestia de preguntarse por que lo seguía, simplemente lo hizo, decidió internarse a la llamativa fauna y al fresco lecho que éstos le daban, emprendió la búsqueda que quizá le llevaría el resto del día aun sin saber que hora era y cuan familiar le resultaba el lugar, sabia que gritar su nombre era en vano ya que si escapo, su voz lo alejaría mas, entonces se detuvo un momento sobre uno de los arboles, un árbol gigantesco, con raíces que daban a la mitad de su altura, con una textura poco ordinaria para un árbol común, lo detallo minuciosamente, El árbol engendro un sonido, se vio a sí misma ensangrentada y con los mismos zapatos de aquél día -¡Quédate ahí!-, gritó la mujer, luego de eso sintió el vacío, ese vacío que la atormentaba matutinamente, y le hacia despabilarse, pasar por su amplio cuarto lleno de ostentosos objetos, de esos objetos que por apetencia, por su cultura, por su historia, por su significado y por su atracción se los llevaba, y luego de unos meses de haber llenado estantes y estantes de los mismos, los echaba a la desidia. Abrió la llave, enjuago su cara, tomo la toalla y la seco delicadamente contra su rostro, camino hacia la ventana, hizo a un lado la persiana, tomo sus lentes de la mesa, aproximo que eran las 8 de la mañana por la sombra que hacia en su patio, estiro un poco más la cabeza para revisar su cultivo de flores al lado del gran árbol y lo divisó, asegurándose que el cuerpo no se hubiera levantado de ahí.
viernes, 20 de septiembre de 2013
Bajo las Flores
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